“NUESTRO DEPORTE SORPRENDE A LOS TURISTAS”

Donde mejor se expresa es en pie sobre el cilíndrico tronco de un haya, hacha en mano. Saltan enormes cuñas de madera cortada entre sus zapatillas. El hacha, con una cabeza que pesa más de dos kilos y medio y afilada hasta el límite de poder segar literalmente un pelo, devora la madera de un tocón de 60 pulgadas de perímetro. “Los turistas nos suelen preguntar si conservamos todos los dedos en los pies”, dice con una sonrisa el aizkolari Aitzol Atutxa.

Es el campeón moderno de un deporte secular. Lleva una década imponiéndose en los torneos territoriales y regionales, ya sea en la modalidad individual o por parejas. Vinculado a la esencia rural, pero asentado en el siglo XXI, Aitzol Atutxa nació en la ciudad, Bilbao, en 1988. Estudió en la ciudad y se graduó en márquetin. Pero su padre era aizkolari. Y a los seis años, el pequeño Aitzol ya jugaba con un hacha. Ahora, su hijo de tres años posee el mismo juguete.

En un cobertizo en el que entrena en las laderas del valle de Arratia, entre troncos de haya y junto a la caja en la que transporta sus hachas, Aitzol Atutxa asegura que no conoce a nadie que haya empezado a tratar con el hacha “de pequeño que haya sufrido un accidente. A todos los que les pasa han empezado de adultos”. Atutxa mide cerca de un metro ochentaycinco y supera los noventa kilos, sus manos encallecidas parecen dos libros abiertos. “La gente cree que este es un deporte en el que lo principal es la fuerza. Es completamente falso. Lo principal es la técnica, la fortaleza mental, la inteligencia, la capacidad de analizar a la madera, a tus rivales, establecer una táctica. Y la resistencia”, explica el campeón, que gestiona el restaurante familiar en Dima (Axpe Goikoa) y su propia bodega de txakoli (Gerena).

En un campeonato, los aizkolaris cortan con sus hachas cuatro troncos de 54 pulgadas de perímetro, cuatro de 60 pulgadas y cuatro de 72 pulgadas. “Hay que dosificarse. Y tener muy presente que, igual que no hay dos personas iguales, no existen dos maderas idénticas aunque sean de la misma especie”.

Miles de personas suelen reunirse a ver los torneos y desafíos, en los que participan un buen número de aizkolaris. “En los años 50 y 60 del siglo pasado en alguna ocasión fueron 20.000 aficionados a la Plaza de Toros de San Sebastián a ver este deporte. Hoy estamos lejos. Pero creo que estamos viviendo un momento de inflexión: hemos llegado un buen grupo de aizkolaris jóvenes y empieza a recuperarse la pasión por el hacha”, describe Aitzol.

Hoy en día cada vez resultan más frecuentes las exhibiciones en eventos o para grupos de turistas. El silbido del hacha en el aire, el chasquido de las astillas al saltar y la respiración de los aizkolaris en pleno esfuerzo suponen todo un espectáculo.

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